En este ejercicio tocaremos dos veces consecutivas la misma nota, pero, la primera vez la atacamos hacia abajo y la segunda vez la atacamos hacia arriba. Está muy sencillo.
¡Hola amigos! Espero que le hayan estado dando sabrosote a la guitarra en estas vacaciones que acaban de pasar.
Aprovechando que ya tengo manera de capturar con mejor precisión el audio de mis videos didácticos, voy a compartirles los quince ejercicios de Escala Pentatónica de mi libro: "GUITARRA I".
Comencemos, obviamente por el principio. El ejercicio 1 no es otra cosa que tocar una vez cada nota de la escala, primero ascendente hasta llegar a la nota más aguda de la forma, para luego regresarnos de ahí mismo en orden descendente. Es una mezcla de "ejercicio" y "reconocimiento de la escala".
Si no conoces las formas, o no todas ellas, o simplemente no tienes un panorama claro de "qué son", las puedes encontrar aquí.
¡Hola bandísima! En este post les voy a pasar las 5 formas de la Escala Pentatónica Menor.
El nombre de cada forma es un número y una letra.
El número representa el dedo con el cual debe pisarse la raíz de la escala para estar en la tonalidad, es decir, si quiero que mi escala esté en "Dm", la raíz debe ser "D", si necesito que mi escala esté en "F#m", la raíz debe ser "F#" y así sucesivamente.
La letra representa la cuerda en la cuál está la raíz, siendo dos formas "E" (o sea, con raíz en la sexta cuerda), dos formas "A" (con raíz en la quinta cuerda) y, una forma "D" (raíz en la cuarta cuerda).
Continuamos con las series de ejercicios de plumilla a una cuerda. Si te perdiste la parte 1, puedes acceder a ella haciendo click AQUÍ.
En esta nueva serie tenemos las combinaciones de dos notas consecutivas en el mismo trasto, las cuales, cada nota y su repetición serán pisadas con el mismo dedo. Observa con atención la digitación para el cambio de posición cada tres notas.
En esta nueva serie de ejercicios expondré bastantes combinaciones de ejercicios a una cuerda de patrones de 6 notas por tiempo en los cuales únicamente se pisaremos determinadas notas. Vamos a enfocarnos cuidadosamente en los siguientes puntos:
Precisión absoluta en el tiempo.
Articulación: todas y cada una de las notas deben ser apreciadas con excelente claridad, en especial las notas con cuerdas al aire que siguen de las notas que sí pisamos.
EN ESTE MOMENTO ME ENCUENTRO GRABANDO LOS RESPECITVOS VIDEOS, PERO EN CUANTO LOS SUBA A MI CANAL DE YOUTUBE, LOS AGREGARÉ A LA ENTRADA DEL BLOG.
En esta primera sección nos enfocaremos en todas las combinaciones de patrones de 6 notas que llevan una sola nota pisada de esas 6.
Bueno, empecemos por entender el significado de "calibre". La definición de calibre es: Diámetro interior de un objeto cilíndirico o hueco.
Entonces, "calibre de las cuerdas se refiere al espesor o grueso de las cuerdas". Como guitarristas (y también para cualquier otro instrumentista de la familia de las cuerdas), el grueso de nuestras cuerdas tiene crucial repercusión en dos aspectos sumamente importantes:
1. LA TENSIÓN DE NUESTRAS CUERDAS.
Esto no es otra cosa, que cuán duras o blandas se sienten nuestras cuerdas. Si usamos un calibre grueso, nuestras cuerdas se sentirán más duras y deberemos de ejercer más presión para poder ejecutarlas limpiamente; y por el contrario, si usamos un calibre delgado, nuestras cuerdas se sentirán más blandas y no requeriremos de tanta presión para hacerlas sonar.
Muchas veces la explicación acerca del calibre de las cuerdas termina aquí, pero yo, como siempre, me siento obligado a compartir lo que la experiencia me ha enseñado, incitándome a ir más allá y no conformarme con las explicaciones simples.
Decíamos que la explicación común acerca del calibre es: "con calibres gruesos le batallas mas para pisar las cuerdas que con calibres delgados" y tan-tan. Y sí, estoy de acuerdo, pero eso es solo el principio.
A parte de la comodidad, debemos tener en cuenta que la tensión de las cuerdas no solamente la sufren y soportan nuestros dedos, sino también la guitarra, y siendo esta tensión final la suma de todas las tensiones individuales de cada una de nuestras cuerdas. Esa "tensión total" tal vez la podemos percibir cuando tocamos cejillas, pero tal vez sean solamente unas cuantas cejillas a lo largo de un tema, o tal vez si sea un tema completo tocado solamente con acordes de cejilla, pero, aún así, nuestra guitarra nos superará, pues ella soporta esa tensión todo el tiempo. Haciendo hincapié en las consecuencias que nos puede acarrear esa tensión se me ocurren dos:
Que nuestro trastero o diapasón se curve hacia adelante (calibre más grueso) o hacia atrás (calibre más delgado). Esto no representa ningún problema, ya que con un pequeño ajuste al alma eso queda solucionado.
En caso de puente flotante o semi-flotante (con puentes fijos no tenemos este problema): Que nuestro puente se levante (calibre más grueso) o se hunda (calibre más delgado). Esto tampoco es un gran problema. También se soluciona con un pequeño ajuste, pero vale la pena mencionar que: ¡cómo asusta a los novatos que el puente de su guitarra se levante!. Este detallito del puente levantado o caído se soluciona compensando la tensión de las cuerdas y precisamente para ello ha sido implementado el mecanismo que tienen las guitarras en la parte posterior, y funciona de la siguiene manera:
Hay una tapa. Quitas la tapa y encuentras que la madera tiene un corte rectangular en el cual resaltan a la vista tres cosas: una pieza metálica con agujeritos (que es por donde se ponen las cuerdas); unos resortes que están incrustados en esta pieza y del otro lado están sujetos a la tercera cosa que resalta: una plaquita que tiene un par de tornillos "atornillados a la madera". Bien, ése par de "tornillos atornillados" junto con los resortes, son el mecanismo diseñado para mantener el balance en la tensión del puente. Si tu puente se ha levantado demasiado, deberás apretar los "tornillos atornillados" para que entren más a la madera y por consecuencia generen más tensión para compensar la tensión que está levantando el puente. PERO: ¡¡¡no olvides aflojar un poco las cuerdas antes de atornillar los "tornillos atornillados"!!! Ya cuando tu cálculo te diga que ha sido suficiente vuelta como para compensar la tensión, vuelves a afinar (¡híjole! ¿otra vez afinar el puente flotante???). Y bueno, ése es el procedimiento.
¿Te faltó? Repite el procedimiento (con todo y el proceso de afinar).
¿Te faltó, otra vez? Repite OTRA VEZ TODO el procedimiento.
¿Te pasaste? Repite otra vez el procedimiento, pero en vez de apretar los "tornillos atornillados", aflójalos.
Y así... hasta que quede. Sí, estoy de acuerdo que es una soberana joda... pero... ¿querías puente flotante, no? Digo, nadamás para registro, esa es UNA de las razones por las cuales yo no uso puente flotante. XD
Bueno, vamos ahora al que es el otro aspecto sumamente importante: 2. LA TEXTURA DEL SONIDO. Para mí, éste es el aspecto que es REALMENTE IMPORTANTE en cuanto al calibre. ¿Por qué? -¡Porque la textura del sonido lo es todo, hermanito! La textura del sonido de la guitarra, es exactamente como el timbre de voz de los cantantes. La gran diferencia es que ellos no lo pueden cambiar (lo pueden fingir, como Chabelo, Cepillín, y los que cambian su voz natural por voz nasal para poder cantar igual que los "cantantes de banda"), pero nosotros sí. Una misma guitarra suena muy diferente con calibres delgados que con calibres gruesos. ¿Por qué crees que los guitarristas de Jazz suenan con todo ese "cuerpesote"? -Porque traen calibres 11's ó 12's. ¿Has tratado de tocar una guitarra de un Jazzista? Sí, si representa un reto mayor tocar con calibres más gruesos, sobre todo a la hora de los bendings. Pero sacrificar la comodidad a cambio de un exquisita textura, cálida, con cuerpo, robusta, "ponchada"... es un precio que algunos guitarristas estamos dispuestos a pagar. Hace 15, o 10 años solamente podías encontrar variedad de opciones en ciudades grandes, pero actualmente ya puedes encontrar buenas marcas en una gran diversidad de calibres casi en cualquier ciudad, y si no, pues las ventas por Internet son lo de hoy.
Como dato extra: las cuerdas de calibre delgado son propensas a romperse más fácilmente que las de calibre grueso (que también se rompen, claro, pero mucho menos).
Y otro dato extra: si frecuentemente se te rompen las cuerdas de los puntos de apoyo, ya sea del puente o de la cejuela (el plástico que está entre los trastos y la cabeza), es probable que tengas una superficie o rebaba filosa. Si no la puedes limar o pulir tu mism@, llévala con personal calificado.
Me atrevo a asegurar que en todas las diversas disciplinas en las que es requerido un docente ocurre lo mismo, no nadamás en la enseñanza musical. Hay buenos maestros, malos maestros y, pésimos maestros, del mismo modo que hay buenos, malos y pésimos estilistas, cocineros, meseros, jardineros, etc. Todos tenemos derecho a ganarnos la vida, pero, considero que engañando no es una buena manera y no es ético. Dice el refrán "agua que no has de beber, déjala correr". Y sí, efectivamente estoy más que de acuerdo. El problema que yo percibo aquí es que tienes que beber agua, pero no sabes de cuál es la que sí te va a beneficiar y cual te va a enfermar... y cuando recién empezamos en cualquier actividad o disciplina, o sea, cuando somos unos completos y absolutos novatos, no sabemos diferenciar a quién si sabe y puede ayudarnos de quién es un completo charlatán y solamente nos hará perder tiempo y dinero (si bien nos va, ya que corremos también riesgo de una lesión o daño físico por una mala técnica o postura). Entonces... ¿cómo podemos reconocer a un buen maestro? Bueno, primero, lo primero: El hecho de que él mismo sea muy bueno con su instrumento (o al menos eso nos parezca a nosotros, porque te recuerdo que aún no sabemo y probablemente sea más que fácil impresionarnos o "apantallarnos") no SIGNIFICA ni GARANTIZA que:
TENGA VERDADERO INTERÉS EN TRANSMITIRNOS SUS CONOCIMIENTOS. Así es, mucha de la "gente que enseña" (no merecen llamarles maestros) lo hacen solamente por el mero ingreso económico que realizar esta actividad les proporciona. Algo tienen que enseñar, pero se mantienen al margen, ya que si no enseñan nada, pues son despedidos y no obtienen dicho ingreso económico. Algunos sí saben, pero no QUIEREN compartir sus secretos.
TENGA VOCACIÓN DOCENTE PARA TRANSMITIRNOS LOS CONOCIMIENTOS. Hay gente que tiene los conocimientos. Domina a la perfección la materia, pero no cuenta con la capacidad docente o pedagógica para transmitirnos tales conocimientos. Esto lo percibimos fácilmente por medio de las siguientes circunstancias: a) no tiene la paciencia para explicarnos una y otra vez lo mismo pero de diferentes maneras; b) no tiene el lenguaje, los ejemplos o analogías para hacernos entender los temas que se abordan; c) no comprende que no todas las personas aprendemos de la misma manera y que debe utilizar dibujos, diagramas, ejemplos prácticos y se limita a impartir las clases siempre igual; d) no se emociona cuando percibe que hemos adquirido o asimilado el conocimiento, o desarrollado la habilidad o técnica que nos imparte.
VERDADERAMENTE TENGA CONOCIMIENTOS PARA TRANSMITIR. Te recuerdo que en la música (como en diversas áreas) hay mucha gente para quienes el objetivo principal es demostrar que "puede-sabe-conoce" y eso le brinda un estatus... ¡perdón! quise decir: "un falso y efímero estatus". Abundan por ahí "maestros de música" que no saben absolutamente nada de nada. Solamente han desarrollado la habilidad de tocar rápido o tocar muchos temas populares, pero no saben nada de teoría, y peor aún: ¡no han tocado ni tocan con nadie! O sea que: ni tienen los conocimientos para guiar a sus alumnos por el camino adecuado, ni cuentan con experiencia que los haya formado como músicos de verdad. Entonces... ¿qué rayos pueden enseñarnos estos tipos? ¿A impresionar novatos con trucos baratos? En esta misma sección voy a incluir también a otra especie muy parecida: los que impresionan a novatos con la lengua. Es una especie muy parecida a los que acabo de describir, pero estos son peores, pues tampoco saben, ni tocan y no hacen trucos con su instrumento, sólo con su lengua. Hablan, hablan, hablan y hablan y cuando se presenta la necesidad de asentar sus mega-conocimientos en un ejemplo práctico o funcional, siempre tienen abundantes y verosímiles pretextos para no realizarlos y salir según ellos "bien librados".
Y bien, esas son las tres razones por las que yo considero que el solo hecho de que una persona pueda tocar "bien" o "muy bien", o "excelentemente bien", no garantiza que efectivamente sea un buen maestro de música. Incluyo aquí a músicos con licenciaturas y diplomados.
Entonces... por segunda vez... ¿Cómo reconozco a un buen maestro de música? -Sencillísimo: por sus alumnos. "Por sus frutos los conoceréis" Mateo 7.16
El trabajo del maestro se evalúa en sus alumnos, no en sus logros profesionales como ejecutante o como músico. Si los alumnos destacan en que:
Suenan bien. No solo "tocan bien", sino que en verdad suenan bien, con textura, cuerpo, fraseo, articulación.
Pueden llevar al instrumento los conocimientos adquiridos, de modo que no solamente se han quedado en la cabeza del alumno, sino que ha encontrado la manera de convertirlos en música.
Pueden integrarse y colaborar fácilmente con músicos. Esto sucede cuando el alumno ha adquirido una FORMACIÓN que le permite entender que siempre se es parte de un todo y que se trabaja en conjunto con los demás COM-PA-ÑE-ROS (no CONTRINCANTES ó ACOMPAÑANTES, ja, ja ja.).
No se creen "la úlima coca fría del desierto". Los buenos maestros, sobre todo aquellos más vividos y experimentados no permiten que sus alumnos se inflen. Siempre tienen dinámicas o tácticas para que sus alumnos tengan los pies bien firmes en el suelo, y sobre todo los hace entender que éste es un camino por el que VAMOS andando todos y pobre del iluso que se jacte de que ya llegó. Un buen maestro enseña a sus alumnos que si van a competir, compitan contra el rival más difícil de vencer: uno mismo.
Claro que estamos de acuerdo que no se evalúa el trabajo de un maestro con uno solo de sus alumnos, sino, evaluando de manera general la calidad de los alumnos que produce...
cuando encuentres un buen maestro... ¡no lo dejes ir!